Cuando el dolor se queda sin palabras

10 de septiembre · Día Mundial para la Prevención del Suicidio.

Septiembre Amarillo y aquello que muchas veces sucede antes de pedir ayuda.

Por Clr. Mirian Rios • Artículo abierto • Prevención del suicidio • Salud mental • Sufrimiento emocional • Señales de alerta • Pedir ayuda • Acompañamiento emocional
🌻
Si llegaste hasta acá porque vos no estás bien

No necesitás terminar de leer para pedir ayuda

Si sentís que podrías lastimarte, estás pensando en suicidarte o atravesás una urgencia de salud mental, buscá acompañamiento ahora.

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Si existe peligro inmediato, no te quedes solo. Acercate a una guardia o servicio de emergencia y buscá a una persona que pueda permanecer con vos mientras conseguís ayuda.

Podés empezar diciendo:
“No estoy bien y necesito que te quedes conmigo.”

Hay algo que pocas veces vemos cuando hablamos de prevención del suicidio.

Hablamos de las crisis.
De las señales.
De los factores de riesgo.
De pedir ayuda.

Todo eso importa.

Pero quizás exista una pregunta anterior que también necesitemos hacernos:

¿Qué tiene que atravesar una persona para llegar a sentir que hablar ya no es una opción?

Porque muchas veces imaginamos el sufrimiento como algo visible.

Pensamos en alguien que llora, que deja de hacer cosas, que dice claramente que no puede más.

Pero el sufrimiento no siempre tiene una forma reconocible.

A veces tiene la forma de alguien que sigue levantándose todas las mañanas.
Que trabaja.
Que estudia.
Que cuida.
Que hace chistes.
Que responde mensajes.
Que dice:

“Estoy bien.”

Y continúa.
Continúa porque hay que continuar.
Sigue siendo funcional.

Y justamente por eso puede ocurrir que nadie llegue a dimensionar cuánto le está costando seguir.

Hay personas que se acostumbraron a sostenerlo todo

Quizás aprendieron muy temprano que tenían que ser fuertes.
Que no había demasiado lugar para quejarse.
Que había problemas más importantes.
Que otros necesitaban más.

Entonces aprendieron algo que desde afuera puede parecer fortaleza:

aprendieron a no mostrar cuánto les cuesta.

Y con el tiempo puede suceder algo muy particular.

La persona deja de preguntarse:

y empieza a preguntarse:

Son preguntas muy diferentes.
Una busca comprender.
La otra intenta sobrevivir al día.

El problema no siempre es no tener a quién acudir

A veces sí.

Hay personas profundamente solas.

Pero otras veces hay gente alrededor.
Familia.
Amigos.
Pareja.
Compañeros.
Personas que las quieren.

Y aun así, no hablan.

Porque estar rodeado de personas no necesariamente significa sentirse acompañado.

Podés estar sentado en una mesa llena de gente y pensar que nadie podría comprender lo que te pasa.

Podés tener un teléfono lleno de contactos y no saber a quién escribirle.

Podés escuchar:

y pensar:

“No quiero ser una carga.”

Y esa frase puede pesar muchísimo más de lo que imaginamos.

“No quiero molestar”

Hay personas que no piden ayuda porque sienten que pedirla tiene un costo.

Que van a preocupar a otros.
Que van a generar problemas.
Que deberían poder resolverlo solas.
Que ya hablaron demasiado.
Que los demás tienen sus propias dificultades.

Entonces callan.

No necesariamente porque no quieran recibir ayuda.

A veces callan porque no quieren convertirse en un problema para alguien más.

Y acá aparece algo importante:

sentirse una carga puede alejar a una persona justamente de quienes podrían acompañarla.

Por eso prevenir también significa construir vínculos donde pedir ayuda no sea vivido como una deuda.

Donde decir “No estoy bien” no provoque vergüenza.

Donde nadie tenga que demostrar cuánto está sufriendo para sentirse habilitado a pedir acompañamiento.

También existe la vergüenza

Hay dolores que cuesta muchísimo contar.

No porque sean pequeños.

Sino porque la persona puede sentir que ya debería haberlos superado.

“¿Cómo voy a estar así por esto?”

“Hay personas que están peor.”

“Debería poder manejarlo.”

“Ya pasó mucho tiempo.”

“¿Qué me pasa?”

Y cuanto más juzgamos lo que sentimos, menos espacio queda para expresarlo.

El dolor no desaparece.

Se vuelve silencioso.

Una persona puede empezar a aislarse emocionalmente mucho antes de aislarse físicamente.

Puede estar presente y sentirse muy lejos.
Conversar sin contar nada.
Responder sin decir cómo está.
Sonreír sin sentirse bien.

Y acostumbrarse tanto a esconder lo que le pasa que pedir ayuda puede empezar a sentirse extraño.

Prevención

Algunas señales que merecen atención

Una señal aislada no permite saber qué está viviendo una persona y no existe una única forma de atravesar una crisis.

Pero conviene prestar especial atención cuando aparecen uno o varios de estos cambios, especialmente si son nuevos o intensos:

  • Cambios marcados de ánimo o aislamiento social.
  • Hablar de querer morir, desaparecer o no encontrar razones para seguir viviendo.
  • Expresar que se siente una carga o que los demás estarían mejor sin esa persona.
  • Hablar de planes para quitarse la vida o buscar maneras de hacerlo.
  • Despedirse de personas cercanas de una manera inusual.
  • Regalar pertenencias importantes o poner asuntos personales en orden inesperadamente.
  • Un cambio significativo en la conducta que te haga pensar que algo no está bien.
No hace falta esperar a estar seguro para preguntar.

Preguntar por suicidio no “pone la idea en la cabeza”

Existe un miedo bastante extendido:

“¿Y si le pregunto y le doy la idea?”

La evidencia recogida por la Organización Mundial de la Salud indica lo contrario: preguntar directamente si alguien está pensando en suicidarse no provoca una conducta suicida.

Puede disminuir ansiedad y ayudar a que la persona se sienta comprendida.

Podés preguntar con calma:

“Me preocupa cómo estás. ¿Estás pensando en lastimarte o en quitarte la vida?”

No necesitás convertirte en profesional.

Necesitás estar dispuesto a escuchar la respuesta.

Escuchar también puede incomodarnos

Cuando alguien nos cuenta que está sufriendo, muchas veces aparece un impulso inmediato:

arreglarlo.
Buscar una explicación.
Dar un consejo.
Encontrar una frase que haga que todo tenga sentido.

Pero quizás la persona necesite primero poder decir:

y encontrar a alguien capaz de quedarse ahí.

Algunas frases pueden achicar un dolor que para la otra persona es enorme

“Tenés que ser fuerte.”

“Pensá en todo lo bueno que tenés.”

“Hay personas que están peor.”

“Esto se te va a pasar.”

Pueden decirse con buena intención y, sin embargo, cerrar una conversación que recién estaba pudiendo abrirse.

A veces alcanza con algo mucho más humano:

“Te escucho.”

“Gracias por contármelo.”

“No tenés que resolver esto solo.”

“Veamos juntos qué necesitás ahora.”

Cómo acompañar

Si alguien te dice que está pensando en suicidarse

  • Tomalo en serio.
  • Escuchá sin juzgar ni discutir lo que siente.
  • Ayudalo a entrar en contacto con un profesional o servicio de salud.
  • Si existe peligro inmediato, no dejes sola a esa persona.
  • Buscá ayuda de emergencia e involucrá a otro adulto o persona de confianza.
  • Cuando sea posible hacerlo con seguridad, reducí el acceso a medios con los que pudiera lastimarse.
  • No prometas guardar el secreto si su vida puede estar en riesgo.
  • Después de la crisis, mantené el contacto y seguí preguntando cómo está.
No necesitás tener las palabras perfectas.
Necesitás ayudar a que esa persona no atraviese ese momento sola.

No se trata de detectar a todos

Esto también necesita quedar dicho.

No somos responsables de descubrir quién está sufriendo en secreto.

No podemos leer la mente.
No podemos interpretar correctamente cada silencio o cada cambio de humor.

Y no deberíamos vivir intentando convertirnos en especialistas de las personas que queremos.

Prevenir no significa vigilar.

Significa construir algo bastante más humano:

estar disponibles.
Preguntar.
Escuchar.
Tolerar cierta incomodidad.
Volver a preguntar cuando algo nos preocupa.
Saber pedir ayuda profesional cuando una situación nos excede.

Cambiar la narrativa sobre el suicidio

El lema del Día Mundial para la Prevención del Suicidio entre 2024 y 2026 propone cambiar la narrativa sobre el suicidio y favorecer conversaciones abiertas que reduzcan el estigma y faciliten la búsqueda de ayuda.

Quizás cambiar la narrativa también implique dejar de pensar el suicidio como algo que simplemente sucede “de repente”.

Detrás de una crisis puede existir una historia.

Dolor. Pérdidas. Soledad. Agotamiento. Experiencias difíciles. Violencia. Enfermedad. Sentirse incomprendido. No encontrar una salida.

No existe una causa única.

Y por eso tampoco existe una explicación sencilla que podamos aplicar a todas las personas.

La prevención empieza antes de la emergencia

Este 10 de septiembre podemos preguntarnos algo más que:

Podemos preguntarnos:

¿Hay espacio en mis vínculos para decir que no estoy bien?
¿Puedo escuchar algo difícil sin juzgar inmediatamente?
¿Puedo preguntar una segunda vez cuando un “estoy bien” no termina de convencerme?
¿Sé pedir ayuda yo también?

Porque cuidar la salud mental no debería comenzar únicamente cuando aparece una emergencia.

También empieza antes.

En cómo nos hablamos.
En cómo escuchamos.
En cómo acompañamos.
En cuánto permiso sentimos que tenemos para pedir ayuda.

🌻

Si hoy sos vos quien necesita que alguien escuche

Quizás estés leyendo esto pensando en otra persona.

O quizás estés pensando en vos.

Si estás atravesando un sufrimiento intenso, no necesitás esperar a estar peor.

No necesitás tener un diagnóstico.
No necesitás entender perfectamente qué te pasa.
No necesitás construir una explicación convincente.

Podés empezar con una frase:

“No estoy bien.”

Si decirlo en voz alta todavía parece demasiado, escribilo.

A alguien de confianza.
A un profesional.
A una persona que pueda quedarse con vos.

Y si sentís que estás en riesgo, buscá ayuda ahora.

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Atención de 8:00 a 00:00

Si existe peligro inmediato, no te quedes solo.
Buscá una guardia o servicio de emergencia y pedile a alguien que permanezca con vos.

Quizás prevenir también sea hacer lugar antes de que el dolor se quede sin palabras

Un lugar donde alguien pueda decir:

“Estoy cansado.” “Estoy perdido.” “No sé qué me pasa.” “Tengo miedo.” “Necesito ayuda.”

Y donde la respuesta no sea juicio.

Ni vergüenza.
Ni una obligación de explicar mejor.
Sino presencia.

Nunca vamos a saber completamente qué está viviendo otra persona.

No vamos a detectar todas las señales.
No vamos a tener siempre las palabras adecuadas.

Pero podemos construir vínculos donde hablar sea un poco menos difícil.

Donde pedir ayuda no sea una deuda.

Donde nadie tenga que demostrar que está suficientemente mal para merecer ser escuchado.

Quizás ahí exista una parte profundamente humana de la prevención: hacer lugar antes de que el dolor se quede sin palabras.

Este 10 de septiembre, quizás no necesitemos solamente hablar más sobre suicidio.

Quizás necesitemos hablar más con las personas.

Preguntar.
Escuchar.
Acompañar.
Pedir ayuda.

Y, algunas veces, hacer una pregunta sencilla:

¿Cómo estás, de verdad?

Y esta vez...
quedarnos para escuchar la respuesta.

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